La importancia de la simetría en el desarrollo

El desarrollo del bebé sigue un ritmo vertiginoso en los primeros 18 meses de vida. Pasa de ser una personita muy frágil y prácticamente inmóvil a un niño que camina y habla incansablemente todo el día. Durante todo este período (y también después, pero a otro ritmo), ante nuestros ojos, ha ido alcanzando grandes hitos y quemando etapas que le han ido permitiendo evolucionar en su desarrollo neurológico, sensorial y psicomotriz.

Recién nacido

La mejor manera de que la bebé se desarrolle correctamente es con unos estímulos adecuados y dejándola moverse libremente (y todo esto con mucho cariño y amor por nuestra parte!). Necesita ratos de suelo y espacio para ir trabajando todos esos movimientos que tiene que practicar una y otra vez para evolucionar e ir madurando su sistema neurológico, sensorial y psicomotriz. En todo este proceso y, desde el principio, es muy importante que tengamos en cuenta la simetría. ¿Qué quiere decir ésto? Que la bebé tiene que desarrollar de manera simétrica los dos lados de su cuerpo. No será hasta mucho más adelante cuando empecemos a definirnos como diestras o zurdas, pero hasta entonces el desarrollo debe de ser simétrico.

Al nacer, lo hacemos con todas las estructuras dobles que tenemos: ojos, oídos, manos, piernas, hemisferios cerebrales, etc. Estas estructuras dobles al principio no trabajan conjuntamente y tienen que llegar a construir sistemas únicos y trabajar coordinadamente para funcionar de forma correcta.

Por eso es tan importante activar por igual cada uno de los lados del cuerpo, para que alcancen el mismo nivel de funcionalidad y el sistema pueda funcionar adecuadamente: si uno de los dos ojos aporta menos calidad visual, el cerebro no podrá construir correctamente una imagen única, si los oídos no tienen la misma calidad auditiva no podremos construir bien la audición en estéreo y localizar las fuentes de sonido, y lo mismo con la coordinación de manos, pies, etc.

Mirada bebé

Es por esto que deberíamos de evitar que se instauren ciertos “vicios” en el movimiento y contribuir a que los hagan simétricamente. El bebé tiene que moverse de forma libre y alcanzar sus hitos de forma autónoma. Pero si detectamos que, por ejemplo, se voltea siempre hacia el mismo lado, probablemente haya tenido, por lo que sea, más oportunidad de trabajar un lado que el otro, o simplemente no ha experimentado que también puede hacerlo, e intentaremos que también lo consiga hacer hacia el otro lado, estimulándole con algún juguete o proporcionándole un poco de ayuda. No se trata de que corrijamos cada movimiento, sólo observar y actuar si vemos que ese movimiento no llega a evolucionar de forma simétrica.

No es nada raro que, llegados a la etapa del gateo, algunas pequeñas se desplacen sentadas sobre una sola pierna, culeteando o de otras formas que no son gateo. El gateo es fundamental para gran parte de su evolución madurativa en esta etapa (equilibrio, visión, oído, caídas, conexión de hemisferios cerebrales, motricidad fina, etc.) y estas formas de desplazamiento no lo sustituyen. No se integran correctamente las piernas y no se coordinan brazo derecho-pierna izquierda y viceversa. Probablemente la bebé ha “grabado” información errónea de cómo desplazarse que no se ha detectado y corregido a tiempo, o se le ha sentado antes de que pudiera hacerlo por sí misma.

A cuatro patas

Para contribuir a este desarrollo simétrico lo que podemos hacer es detectar las posturas frecuentes o prolongadas que no respeten la simetría del cuerpo y compensarlas por igual en ambos lados. Por ejemplo, en el caso de bebés de biberón, procuraremos no dárselo siempre recostados del mismo lado, iremos alternando de brazo, tal como lo haríamos si le diéramos el pecho. De esta manera estimulamos por igual su visión, su oído y todos los estímulos que recibe en ese momento con nosotros.

Haremos lo mismo con todos los estímulos que le proporcionemos, teniendo cuidado de hacerlo de forma bilateral: si le mostramos algún juguete que suene cerca de su oído también lo haremos en el otro, si le hacemos un cucú y le aparecemos por un lado también lo haremos por el otro.

También ha de ser simétrica la forma de su cabecita, los pliegues de sus piernas, su clavícula y pelvis, que normalmente revisa la pediatra en las primeras visitas.

En el caso del colecho, al tener la cuna junto a nuestra cama, deberíamos de tener en cuenta de que le están llegando ciertos estímulos siempre desde el mismo lado: nuestro calor, nuestro olor, nuestro sonido, nuestras caricias y no es raro que acabe durmiendo siempre con la cabeza o el cuerpo de cara a nosotros. En este caso, sería recomendable cambiar la cuna de lado siempre que podamos, para estimular de forma simétrica ambos lados.

Durmiendo de lado

Los bebés son trabajadores constantes e incansables y, con un poco de atención por nuestra parte, ellos solos conseguirán ir alcanzando sus hitos de desarrollo. ¡Y nos lo harán saber con sus ojos brillantes y su sonrisa de satisfacción!

Fuente: Atlas Visual del desarrollo del bebé. Mª del Mar Ferré Rodríguez. 

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Sobre Miriam Parada Robles

Apasionada por la naturaleza y la montaña. Llego hasta Gaia desde el mundo de la informática y la consultoría. Ser madre, con la llegada de mi primer hijo, marcó en mi vida un punto de inflexión replanteando mi modo de vivir, de pensar y de sentir. Ahora estoy aquí, decidida a mejorar un poquito mi mundo, defendiendo la maternidad y crianza respetuosas, el juego y el movimiento libre.
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