¿Estoy preparada para acompañar la sexualidad de mi hija?

Todas querríamos y desearíamos ser abiertas y naturales en el tema de la sexualidad, pero para la inmensa mayoría es un tema difícil en el que llevamos mucha carga por lo penalizado que ha estado en nuestra crianza y a lo largo de nuestra vida.

Por eso, aunque le pongamos empeño, cuando tenemos un hijo y pensamos “voy a llevar el tema de forma natural”, nos estamos engañando, porque naturalidad es lo que nos falta a nosotros y se nos va a notar por todos lados. Si pensamos que todo va a consistir en sentarnos un día y contarles de dónde vienen los niños y cómo papá pone la semillita en mamá, o en hablarle del condón cuando llegue a la adolescencia, estamos focalizando la sexualidad en un único acto, el acto sexual. Pero la sexualidad está constantemente presente en nuestra vida, de forma diferente en cada etapa, y hay que acompañarla desde el primer día. Desde que nacemos, ya podemos descubrir nuestro cuerpo como lugar de placer, con las caricias, con el contacto, los masajes, el piel con piel. Tenemos que desgenitalizar la sexualidad, y verla como una parte más de nuestro acompañamiento emocional a nuestros hijos, durante todo su desarrollo.

Caricias bebé

No puedo hablar de sexualidad como experta, porque no lo soy, sino como madre, con las dudas que me han ido y seguirán surgiendo. Queremos que nuestras hijas crezcan sanas y con una buena relación con su cuerpo y su intimidad y, por extensión, con el de las demás.

Mientras es un bebé, todo va bien, cuando está desnudito jugamos con su cuerpo y con el nuestro, mucho contacto y mucho piel con piel. Aquí, en principio no solemos tener problemas (aún así, cada uno tiene sus limitaciones a la hora de desnudarse y con el contacto corporal).

Luego va creciendo, y ya tenemos a una “toddler”, que descubre y empieza a explorar con fruición sus genitales. En principio, puede hacernos gracia (o no, ya digo que cada una tiene sus limitaciones), pero la cosa no cesa, porque a la niña le gusta, ha descubierto una nueva forma de darse placer con su cuerpo. Aquí, ya estaremos diciendo y haciendo mucho con nuestra “naturalidad”, nuestra cara, nuestros gestos, porque nos pueden aparecer las primeras dudas, sobre todo cuando lo hace en público. Empezamos a plantearnos cómo establecer ciertos límites, con cautela, porque no queremos pasarnos, para no coartar a la niña, pero tampoco que monte un espectáculo allá donde vaya. Empezamos a necesitar definir con ella espacios privados y de intimidad.

Abrazo niñas

Pero sigue creciendo, nos hace preguntas, y cada vez es más sociable, y ya quiere explorar los genitales de sus amigos y amigas. Y cada vez nos surgen más dudas, porque si son de la misma edad, nos inquieta un poco menos, pero ¿y si son de diferentes edades? ¿Nos da igual que lo hagan delante nuestra? ¿Y si lo hacen en público? ¿Y cuándo son varios? ¿Y si se quieren explorar los hermanos y hermanas? ¿Y si se encierran en su habitación para hacerlo? ¿Qué les contamos si nos pillan a papá y mamá en plena faena? ¿les hablaríamos con naturalidad? ¿Y si no se muestra a gusto con su identidad sexual? ¿Cómo les hablamos para protegerlos de los abusos? ¿Podemos responder a todas las preguntas que nos hagan sobre el sexo y sobre su cuerpo nuestros hijos? ¿y en público?

También, podría pasar que no se nos diera ninguna de estas situaciones con nuestras hijas, que pasaran los años y no preguntara nada ni le viéramos hacer nada. ¿Qué alivio, no? ¿O no? ¿Qué quiere decir esto? ¿No le interesa la sexualidad a nuestra hija? ¿Esperamos a que pregunte o le facilitamos información igualmente?

Después, cuando llega la adolescencia, es un momento en el que la sexualidad nos preocupa especialmente porque nuestros hijos ya pueden empezar a tener una vida sexual activa, y esto puede significar enfermedades y embarazos no deseados. Nos parece un momento clave para acompañarlo en su sexualidad, pero lo que haga ahora también será fruto de todo lo andado con él hasta aquí. ¿Cuál es nuestro papel en este momento?

Manos adolescentes

¿Tenemos respuesta para todas estas preguntas? ¿Nos las hemos planteado ya?

Acompañar a nuestras hijas en su crecimiento no siempre es tarea fácil. Cuando se nos hace mucho y cuando tenemos muchas dudas, siempre podemos buscar o pedir ayuda, ya sea a través de libros, grupos o de profesionales. Nuestra familia en crecimiento bien lo merece 🙂

Sobre Miriam Parada Robles

Apasionada por la naturaleza y la montaña. Llego hasta Gaia desde el mundo de la informática y la consultoría. Ser madre, con la llegada de mi primer hijo, marcó en mi vida un punto de inflexión replanteando mi modo de vivir, de pensar y de sentir. Ahora estoy aquí, decidida a mejorar un poquito mi mundo, defendiendo la maternidad y crianza respetuosas, el juego y el movimiento libre.

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